Nuestra objetivo social: recuperar y preservar la memoria de los asesinados y represaliados en La Barranca y en toda La Rioja a raíz del golpe militar del 18 de Julio de 1936.

¡Reyes, ni los de la baraja!

Dejé en el primer artículo sobre el rey, la historia de los Borbones con el segundo reinado de Felipe V. Con él España sigue desangrándose y arruinándose, defendiendo los intereses de la reina y sus hijos. Se suceden valido-primer ministro, entre ellos el barón de Riperdá que huyó de España, se hizo protestante y después musulmán ¡qué más da una religión que otra, el caso es que sirva a los poderosos!- Los desastres para España de este Borbón son innumerables. Se abandonó la escuadra y nos robaban y saqueaban las de Gran Bretaña. Murió Felipe V en 1746, produciéndose el desfile del pueblo idiota ante el féretro -como luego con Franco-.

Le sucede Fernando VI que reinó trece años, tanto más loco que su padre, -loco o idiota como casi todos los Borbones-. Se casó, como todos con una prima -así se degrada la estirpe- con la que no tuvo hijos, pues este Borbón tenía los testículos atrofiados. Para España no fue malo, pues se pararon las absurdas guerras del otro Borbón. A su muerte gobernó bien el marqués de la Ensenada y Carvajal que siguen manteniendo -después de 200 años de guerras absurdas por intereses dinásticos o religiosos- a España en paz.

El siguiente Borbón fue Carlos III que en la corte se puso en duda su paternidad, atribuyéndosela al Cardenal Alberoni. Se le llamo “el mejor Alcalde de Madrid”. No era inteligente, pero tenía sentido común -cosa rara en los Borbones-. Tuvo buenos ministros: Floridablanca, Olavide, Conde de Aranda, Campoamor.

Carlos III cometió solo un garrafal error: dictó la Pragmática Sanción que provocó numerosas guerras en el siglo XIX al impedir que reinasen los hijos, cuyos padres se hubiesen casado sin permiso de su padre. Lo hizo para privar de sus derechos dinásticos a su hermano Luis. Esta Pragmática Sanción fue revocada por su sucesor Carlos IV, que, además, restableció la Ley de Partida que permite reinar a las mujeres anulando la Ley Sálica que daba preferencia a los varones sobre las hembras. Sin embargo no promulgó la Ley, dando lugar a las trágicas y desastrosas guerras carlistas -otras guerras de España por motivos dinásticos de los Borbones-.

Carlos IV mostró desde niño síntomas de imbecilidad que se acentuaron con los años. Eran gradote, feminoide, cabeza pequeña y nariz a lo Borbón -como todos-; se casó, -como no-, con su prima María Luisa de Parma, una de las reinas más feas no solo de España, sino de Europa, linfómana. Tuvo catorce hijos y diez abortos sin que nadie esté seguro de cuántos eran hijos del rey. Se asegura que el Infante Francisco de Paula era el hijo de Godoy, uno de sus amantes oficiales a quien nombró Príncipe de la Paz y obligó al indolente rey a tomarle por válido, que hizo y deshizo en España. Era de dominio público que cuando el rey salía de caza -y lo hacía a diario- Godoy le sustituía en la cama. El rey, en su imbecilidad, era el único de la Corte que lo ignoraba. Se cuenta la anécdota de que en cierta ocasión le dijo a la reina: -¿Sabes que la gente dice que a Manolito -esto es, Godoy-, le mantiene una vieja rica y fea? Para que no haya duda, se conserva la correspondencia íntima entre la reina y Godoy, donde ésta le comunica incluso sus “achaques mensiles”, lo que no impidió a tan fea y fogosa reina tener de amantes a toda clase de cortesanos. Cuando salió al exilio pidió que se les diese la posibilidad al rey y a ella de vivir con Godoy “en un paraje bueno para la salud de los tres”.

Recordemos el glorioso hecho de que en 1793 la revolución francesa decapitó a su Borbón y que aquella tempestad republicana hiciese temblar a las casas reales y a la aristocracia europea. Vamos, algo así lo que sienten los esperpénticos reyes dictadores del mundo árabe, con el vendaval del pueblo en las calles de Túnez. Nuestro Borbón aterrado por la decapitación de sus primos franceses, declararó la guerra a Francia llevando una vez más a España al desastre por sus intereses dinásticos. Ante el mal cariz de la guerra -los revolucionarios franceses ocuparon el País Vasco y Figueras en la frontera catalana-, Godoy firmó una alianza con los franceses contra Inglaterra sin que el Borbón de turno se opusiese.

Otro desastre para España. La escuadra inglesa nos cortó las comunicaciones con América. Napoleón invadió Portugal donde una hija de Carlos IV estaba casada con el rey. Esto es, que nuestro Borbón ataca a su propia hija. Además, esta invasión de Portugal permitió a Napoleón introducir sus tropas en España con todo lo que vino después: un hermano de Napoleón -Pepe Botella- rey de España y la guerra de independencia. El chaqueteo de Carlos IV con Napoleón nos llevó al mayor desastre naval de nuestra historia: Trafalgar. El trapicheo entre Napoleón, Carlos IV y su hijo el nefasto Fernando VII es verdaderamente vergonzoso e infamante para la dignidad de España.

Recordemos la reunión de Bayona entre los monarcas españoles, un cardenal, y el propio Napoleón, en el que el hijo -luego Fernando VII,- insultó al padre por ser un cabrón consentido y el padre llamó al hijo traidor y vendido. Escena repugnante que hizo que el cardenal levantase su voz aconsejando silencio a nuestros monarcas, provocando que Napoleón cogiese de la oreja al cardenal y le dijese mientras le llevaba a su asunto: “tu mejor callado”. (Algo parecido a lo que dijo Botín padre al actual Emilio Botín, cuando en una reunión con otros banqueros también le dijo, tu Emilito, mejor callado). Por lo visto lo de “callarse” o “por qué no te callas” es cosa de los Borbones o de los Botines (los del B. Santander).

Dejamos a ese desecho humano de Carlos IV para entrar en otro desecho, aún mucho más repugnante: feo, vil, falso de escrúpulos, rencoroso, traidor, delator, miserable, taimado, abyecto, felón y cruel. ¡Una joya vamos! No tengo que decir que era Fernando VII, quien mientras el pueblo español luchaba en la guerra de independencia contra las tropas de Napoleón, él vivía invitado por el emperador en el castillo de Valençay bordando, y según la correspondencia de Napoleón y el dueño del castillo, no se entretenía ni con las hermosas hijas del noble francés que se la servía en bandeja -entre ruines e infames andaba el juego- Fernando VII, -aún no era rey- felicitaba Napoleón en el periódico Monitor de París, por los éxitos que tenía contra la gentuza y la canalla de España ¡¡Este es uno de los antepasados de nuestro actual Borbón!! No sigo, pero quiero rendir homenaje al pueblo gaditano que redactó la primera Constitución española en 1812 inspirada en las ideas progresistas y liberales de la revolución francesa, que luego, -como siempre- los patriotas antiliberales y los reaccionarios encabezados por la Iglesia, borraron por los intentos de los que redactaron esa Constitución, de preconizar la modernización del país, la abolición de privilegios y establecer una mayor justicia social. (Igual que se repitió contra la segunda República).

Muerto Fernando VII, de quien podría haber escrito, no un artículo, sino cientos de páginas contando todas sus canalladas, traiciones y crueldades, le hereda en el trono cuado tenía tres años, Isabel, siendo reina gobernadora su madre María Cristina. También por culpa de intereses dinásticos, como ya he dicho, se suceden las feroces guerras Carlistas. La reina Isabel era analfabeta y tanto o más linfómana que su abuela la reina María Luisa. Con dieciséis años la casaron -como no-, con su primo Francisco de Asís, descendiente también de Felipe V. Con todos mis respetos a los homosexuales, este esposo, que según la propia reina el día de la boda llevaba más encajes que ella, no era el más idóneo para ser rey consorte de España, al que el pueblo llamaba pasta flora y doña Paquita. No nos compensa que la reina fuese castiza, chulapona y comilona. Allá ella y sus innumerables amantes. Sí es necesario decir que posiblemente su sucesor en el trono, Alfonso XII fuese hijo adulterino. Su corte fue la corte de los milagros, mangoneada por un clérigo, el Padre Claret, enclenque obsesionado con el sexo, y por una monja histérica y falsaria “Sor Patrocinio de las llagas” que fue la inventora de las corrupciones -¿esta palabra les recuerda algo al PP?-, que vendía puestos administrativos amasando así una fortuna.

Dejemos atrás los generales que gobernaron España desde la cama de la reina, para terminar el comentario sobre ella, con la anécdota que se cuenta, que cuando el Papa Pío IX la condecoró con la Rosa de Oro del Vaticano, un cardenal le dijo: “señor padre, ¡es una puttana!”, a lo que el Papa replicó: “puttana, ma pia”.

Desterrada la reina por la revolución y pronunciamiento de 1868, España se desmembró en taifas federales de signo anarquista, que provocó que los generales intrigasen con las potencias europeas para buscar un rey constitucional para España. Fue elegido Amadeo I de Saboya que terminó con la proclamación de la Primera República, a petición en las Cortes, entre otros, de mi antepasado el general Lagunero.

Se restauró la monarquía abdicando Isabel II en su hijo -quizá como he dicho, de padre desconocido- Alfonso XII, el de las grandes patillas a la moda prusiana, enfermizo, y mujeriego como todos los Borbones, pero éste, además, por tuberculoso. Se casó -otro más-, con su prima hermana, María de las Mercedes de Orleans y Borbón, bajita, guapa y regordeta, que murió a los seis meses de casada. Los que pasó en la cama con el rey, con alarma de los médicos que temían por la vida del rey en tan largos esfuerzos nocturnos. El rey volvió a casarse con María Cristina de Austria, delgada y huesuda, antipática y seca, una especie de matrona germana. Era culta pero es sabido que al Rey Alfonso no le atraía la cultura sino las carnes de las mujeres. Juan Eslava, el historiador al que hemos seguido, nos cuenta sobre lo poco agraciado de la futura reina que, el amigo del rey que la acompañaba a ir a conocerla, adulándole le dijo que era hermosa, pero Alfonso le interrumpió: “no te canses, Pepe; a mí tampoco me ha parecido guapa, pero te habrás dado cuenta que la que está bomba es mi futura suegra”. Alfonso XII tuvo diversas amantes y una querida fija, la artista Elena Sanz, de la que Pérez Galdós dijo que era espléndida de hechuras y bien plantada” Esta amante del rey tuvo con él dos hijos, Alfonso y Fernando. La reina era una profesional y soportó con resignación las infidelidades de su esposo, si bien, en un par de ocasiones estuvo por tirar la toalla y hacer las maletas. (¿Les suena a ustedes esto a algo más reciente de nuestra actual monarquía?) En todo cas, -como ahora-, la reina disimuló y continuó sonriendo en los actos oficiales, aunque la procesión iba por dentro. Esta fue la reina que como regente gobernó la minoría de edad de Alfonso XIII. Vengativa quitó la pensión que la casa real pagaba a Elena Sanz, quien chantajeó al gobierno con unas cartas íntimas del rey (¿Les vuelve a sonar esto a algo reciente?) Esta reina es la del famoso consejo que le da el rey antes de morir: “guarda el coño y de Canovas a Sagasta”, que era la alternancia de dos partidos que se repartían el poder: los llamados progresistas y los reaccionarios (¿Les vuelve a sonar a ustedes esto algo sobre lo que pasa entre el PSOE y el PP como consecuencia de la inconstitucional, y antidemocrática Ley elecoral?)

De Alfonso XIII, el militar de la terrible y desastrosa guerra de África, donde el ejército africanista ascendía en el escalafón y en condecoraciones, haciendo bestialidades contra el pueblo de Marruecos -de donde luego Franco trajo cien mil moros a violar y asesinar españoles-. Alfonso XIII es el rey perjuro, (¿les vuelve a sonar algo?), pues habiendo jurado la Constitución, permitió y apoyó la dictadura de Primo de Rivera. Vino la segunda República y el rey, desde el primer día conspiró junto a Mussolini, con monárquicos y fascistas españoles, hasta provocar la guerra civil, que él seguía gozosamente señalando en un mapa las ciudades, destruidas por los bombardeos nazis, iba conquistando Franco con la Legión Cóndor, las divisiones italianas y los cien mil moros.

Esta es, muy resumida, la pequeña historia de la dinastía de los Borbones. Del actual rey, ¡qué les voy a contar que no sepan todos ustedes! Elegido por el dictador Franco; juró los principios inmutables del movimiento; fue también perjuro y traicionó a su padre -o jugó con él con dos barajas, para que uno de ellos fuese rey-. Ha estado rodeado de asesores financieros que todos ellos han terminado en la cárcel: Colón de Carvajal “el manquito”, que esquilmó a los reyes árabes; Ruiz Mateos, De la Rosa; Mario Conde; Los Albertos; y todo el que se le acerque con dinero. Fue el “hermano” del asesino rey Hassan II y dice es “tío” de la actual joya que gobierna Marruecos toreando a España. Este es el rey, que sin haber sido elegido por los españoles, dicen que reina pero no gobierna, pero que, como decía en mi artículo anterior, conspira con empresarios y sedicentes socialistas entregados al neoliberalismo, en beneficio de bancos, banqueros y especuladores y en perjuicio de trabajadores, parados, pensionistas, y funcionarios. Este es el rey que los españoles deben mandar al exilio junto a su cuñado el ex rey de Grecia.

Para terminar, ¿se puede ser monárquico?. ¡Reyes, ni los de la baraja! En España, con los Borbones, menos aún. ¡Viva la República! Quiero darles una noticia. Puedo confirmarles que en abril saldrá el periódico que estamos promoviendo un grupo de amigos. Será un periódico independiente, no de partido, pero sí, radicalmente de izquierdas. Nosotros lo sacaremos a los quioscos. Los ciudadanos serán los responsables de que se mantenga o no en ellos. ¿Sería lógico que los monárquicos nostálgicos, compren diariamente más de 100.000 ABC y los republicanos y demás ciudadanos de izquierdas no seamos capaces de comprar una tirada de periódicos igual o superior? Vosotros tendréis la palabra.