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José Brocca y el pacifismo no violento en la Guerra Civil

Por Raúl López Baelo

Olvidado y maltratado en la historia, el maestro José Brocca simboliza el carácter más humano de la Guerra Civil. Su pacifismo y antimilitarismo presentan una alternativa poco mostrada del conflicto.

Tan paradójica como la vida misma es la historia de José Brocca Ramón. Hijo de madre española y cónsul italiano destinado en Almería, nace por aquellas tierras en el año 1891. Su historia, aunque olvidada, levantará tanta admiración como indiferencia. Sin ser un valiente guerrillero, un rudo soldado o una eminencia política, su aportación a la Guerra Civil Española fue cuando menos digna de ser recordada.

José BroccaY es que desde pequeño cultivó el antimilitarismo como conciencia única, obviando para sí toda forma de violencia. Por ello no es de extrañar que al comienzo de la Guerra Civil, con 45 años e hijos implicados en el conflicto, se decantase por una postura pacifista aunque no por ello imparcial. Y es que el fascismo consiguió transformar a afianzadas personalidades en la imparcialidad a la lucha, pues el carácter golpista y la aberración de los derechos humanos superaban su conciencia pacifista, reafirmando en esta ocasión su apoyo al gobierno que consideraban legítimo, al gobierno del pueblo. Por todo ello, no es de extrañar que Brocca sea considerado un ferviente republicano, pero en su caso nunca abdicó en sus posturas sobre el conflicto armado y mencionado carácter pacifista.

 

Debe ser recordado como uno de los muchos maestros republicanos, infatigables luchadores cuyo único propósito era implantar el humanismo y la cultura en una sociedad históricamente insensibilizada. Utilizando como espejo público la Internacional de Resistentes a la Guerra, siendo su cabeza visible en el conflicto. Tan minoritaria y honrosa tarea no fue sencilla, pues la no-violencia fue tan o más perseguida que la propia lucha armada, sirviendo el caso de Brocca como claro ejemplo de ello. Pese a vivir en su propio seno familiar la lucha entre hermanos que supuso la Guerra Civil, pues dos de sus hijos se enfrentaron, cayendo el perteneciente al bando republicano en combate, nunca mostró debilidad psicológica ni indicios de claudicar en su causa.

Pero no se debe malinterpretar la historia de José Brocca, pues su carácter pacifista no limitó su aportación a la causa republicana. Representando a la mencionada IRG en tierra española, defendió durante toda su vida la premisa laica en la educación pública, integrándola dentro de sus planteamientos internacionalistas. Y es que como todo humanista que se precie, creía en la igualdad y respeto del ser humano, por ello se le atribuyen extensas críticas a la monarquía o a los totalitarismos de cualquier tipo. Además de las perpetuadas a la Iglesia, entendiéndola como institución lucrativa.

Relacionada con esta última entidad, debe ser conocida su postura crítica pero ante todo de no-violencia respecto al clero. Quedando ciertamente ejemplificada con una historia almeriense que cuenta como dejó su coche a un cura perseguido, para que no fuese asesinado. No es de extrañar por acciones como estas, que en ciertos núcleos de la resistencia popular su persona no fuese bien acogida, lo que no influyó en su agradable relación con la doctora Poch y Gascón, importante feminista y anarquista de la época, con la que compartía su admiración por la dignidad humana. Aunque discerniendo en temas como la manera de afrontar los conflictos.

Pero más allá de meras anécdotas, que en todo caso sirven para una correcta comprensión de su personalidad, debe ser comprendido el reto que supone el conflicto español para el pacifismo mundial, especialmente por la intervención de Hitler y Mussolini. El maestro Brocca no pudo con tanta miseria y odio mutuo entre convecinos, y llegado el clímax del conflicto, decide trasladarse a un pequeño poblado de los Pirineos para albergar a huérfanos. En dicho orfanato, no debiendo entenderse en la concepción tradicional pues éstos eran considerados como prisiones por Brocca, llegaron a residir más de cuarenta niños. Tal fue el compromiso social del maestro, que pese a ser mayoría de luchadores republicanos no rechazaba a hijos del bando nacional, pues como ya ha sido mencionado, antes que activista era radical defensor de los derechos humanos.

Su fe en el ser humano fue tan inmensa, que antepuso el bien común al suyo propio, realizando en su estancia de exiliado peligrosos viajes en busca de comida y provisiones. Desde su refugio de Prats-de-Mollo rehusó abandonar a los huérfanos, aún con la Guerra Civil finalizada y su vida en serio peligro por la intervención nazi y el gobierno francés de Vicky. Pero conforme avanzaba la consolidación fascista en tierras ibéricas, decide aceptar una oferta de traslado a Gran Bretaña, pero días después es encarcelado y trasladado a uno de los mayores campos de concentración nazis en la ocupada Francia. Aunque mediante diferentes contactos consigue escapar del campo de concentración y viajar a México. Falleciendo allí en el año 1950, realizando tareas de apoyo social en dicho país.

Fueron muchos los intentos para su vuelta a España, pero su pasado republicano y laico, eran demasiado lastre para ello. Amaba su patria, no por su bandera o su grandeza, sino por la parte de su interior que había dejado allí. Su fusil era su palabra, y su mayor arma su conciencia social. Tantos fueron los maestros asesinados por el bando nacional, que sus historias pierden importancia en el tiempo. Pero nadie debe dudar de su importancia, siendo éstos pilares clave en la sustentación del sueño que fue para muchos la II República. Y es que como se ha dicho de José Brocca, su valor pacifista no es menos heroico que el militar. Y es que lo que fue Buenaventura Durruti para la CNT o Andreu Nín para el POUM, lo fue José Brocca para la Internacional de Resistentes a la Guerra. Y por ello debe ser conmemorado y respetado, como un importante luchador de la causa republicana y consecuente lucha humanista.

No hay mejor definición del pensamiento impulsado por Brocca para finalizar, que la dedicada por el escritor Allan A. Hunter:

El Profesor Brocca parece reconocer que luchar contra el fascismo con el uso fascista de las armas es contraproducente. Si hacemos lo que los fascistas hacen, entonces solo aprobamos el fascismo. Para prevenir el fascismo tenemos que prevenir la desesperación, la pobreza, el caos y la ignorancia de las que se produce el fascismo.

Artículo publicado originalmente en la web del Grupo Antimilitarista Tortuga