La Barranca


Allá donde crucificaron a Jesús el Nazareno
Jesús Hijo de Dios Hijo del hombre
El mismo que hoy está sentado a la derecha de Dios Padre
A las afueras de la gran ciudad
La gran ciudad de grandes vicios, odios y oraciones
Allá donde crucificaron a Jesús el Nazareno
A Jesús Nazareno cuatrocientas o mil veces
Con cuatrocientas o con mil cargas de fusilería
Cuatrocientos o mil tiros de gracia en otras tantas sienes
Y atravesaron con la lanza cuatrocientos o mil pechos
Y brotaron otros tantos chorros de agua y sangre
De otros tantos Corazones de Jesús en Vos confío
En aquel otro Gólgota Calvario Monte de la Calavera
Tierra de arcilla y de tomillo y meaperros
De cardos borriqueros y aulagas y zarzales enanos
Calvario-Gólgota con nombre de Barranca
Con un confesonario de adobes de tierra al borde de la carretera
Para oír las palabras últimas, las Siete Palabras que dijo Jesús en la Cruz
Palabras de «Perdónales porque no saben lo que hacen»…

Madre, cuando yo muera, si muero en la cama
No me lleves al cementerio de los judíos creyentes
Al cementerio de los ciudadanos que vivieron siempre en paz con las leyes
Y con todas las autoridades civiles militares y elclesiásticas
Con los señores de la tierra
Que tienen o creen tener las llaves del reino de los cielos
Madre, yo quiero que me entierres con los 400 o mil Jesuses Nazarenos
En la Barranca de Lardero, en el Calvario
No quiero sepulcro de piedra ni sudario
Lo mío madre será derramarme sobre la tierra
Polvo y ceniza llevados por el ciento
Que nadie sepa exactamente dónde he caído
Yo, madre, uno fundido con la arcilla
Besando las raíces de los tomillares aulagas y espinos
Fundido en una misma tierra con los 400 o 1000 Jesuses Nazarenos
Con los 400 o 1000 Corazones de Jesús en Vos confío.

Ciudad de la Tabacalera, los Farias y el Vino
Donde vive Pilatos en su Gobierno Civil
Y los guardias del Templo y los legionarios romanos
En sus cuarteles de artillería y de infantería
Y la Guardia civil y los Guardias de Asalto
Todos alertas apuntando con sus fusiles y pistolas
Aquel mil novecientos treinta y seis
A cualquier Jesús Nazareno que intentase resollar…