Logroño cambia el nombre de 6 calles

El cambio de nombre de 6 calles aprobado recientemente por el Ayuntamiento de Logroño, las últimas de las 17 que el Pleno consideró contrarías a la Ley de Memoria Histórica hace 9 años, ha llegado por fin, y otra vez más, acompañado del debate político y ciudadano. Un debate prolongado y estéril, que por higiene democrática debería haber quedado zanjado mucho antes. Aquel, fue un acuerdo de consenso, que contó con la unanimidad de todos los partidos políticos con presencia en el Pleno, (PSOE, PP, y PR), dirigido a construir una Memoria ciudadana en la que primaran los principios democráticos frente a los residuos de la dictadura.

A pesar de la importancia de los cambios, esto no significa que el proceso de creación de una nueva Memoria democrática en Logroño, y por tanto de superación de los restos del franquismo, haya terminado.

Respecto a las calles, el Partido Popular, y su equipo de gobierno nos ha legado los que se han considerado nombres “trampantojo”, que quieren significar que no son, lo que verdaderamente son. De “Calvo Sotelo”, a “Presidente Leopoldo Calvo Sotelo”, en un traspaso de tío a sobrino al que le falta ingenio, pero sobre todo respeto al homenajeado, segundo presidente de la Democracia, y por supuesto, a los ciudadanos de Logroño.

De “Plaza Luis Martín Ballestero”, a “Plaza Barrio de Ballesteros”, de gobernador civil falangista a denominación popular de una barriada, nuevo barrio con reminiscencias medievales. Y, de “Parque González Gallarza” a “Parque Gallarza”, el trampantojo de los trampantojos, en el que se suprime una parte, en este caso un apellido, pretendiendo que desaparezca el todo. Vano esfuerzo.

Además de estos cambios, el Ayuntamiento acordó en aquel mismo día, Pleno y corporación, adoptar una serie de medidas que cubrieran parte de la deuda que la ciudad tenía con la Memoria Histórica, y con el cumplimiento de la legalidad. Entre ellas, la retirada de símbolos de carácter antidemocrático que quedaban, y desgraciadamente aún quedan, desperdigados por la ciudad.

Empezando por el CEIP “Juan Yagüe”, un homenaje en un centro de educación público, que la Consejería, su Consejo Escolar, o quien deba, tiene que eliminar. Los principios democráticos, y los derechos humanos deben prevalecer en todos los espacios públicos, pero sobre todo, en los dedicados a la educación de niños y jóvenes. No muy lejos de allí, se encuentra el “Centro Cívico Juan Yagüe”, que alberga a la asociación de personas mayores con el mismo nombre, el “Polideportivo Juan Yagüe”, y el Centro Médico Yagüe todos esperan una nueva denominación más acorde con esa Memoria democrática que el Ayuntamiento se comprometía a desarrollar una década atrás.

En estos días, la ciudad asiste a la desaparición tardía de varios homenajes, podríamos decir casi los últimos, dedicados a recordar un pasado de dictadura y de ausencia de libertades en sus espacios públicos. Un pasado, que debe desaparecer frente a un presente, y sobre todo a un futuro, con el que todos los ciudadanos logroñeses podamos identificarnos. Nada más y nada menos.

Esta labor reivindicativa y de denuncia, para una Asociación como la nuestra que se considera riojana no acaba en Logroño. En nuestra Comunidad desperdigado por sus pueblos subyace aún el residuo visible del franquismo. Institutos de enseñanza de nombre “González Gallarza”, calles, simbología variada, siguen a la espera de nueva denominación, y significación. Una labor que implica además de a los ayuntamientos a los gobiernos autonómico y central, y que seguiremos exigiendo.

El nuevo equipo de gobierno municipal logroñés no ha esquivado este problema que amenazaba en hacerse crónico, se ha enfrentado a él con responsabilidad, adoptando unos cambios que nos pueden parecer más o menos acertados, pero que sin duda suponen un paso más hacia un Logroño más justo y habitable. Una meta cada vez más cercana, que la Asociación La Barranca nunca pierde de vista.

Para terminar, queremos recordar al Ayuntamiento de Logroño que la Memoria de la ciudad sigue esperando el busto o monolito con el que se recuerde a Don Basilio Gurrea Cárdenas, alcalde en 1936, que fue asesinado en agosto de ese año por los sublevados. Un homenaje que compartirá con todos los logroñeses asesinados y represaliados. También sigue pendiente la instalación de una placa en el cementerio municipal donde se indique el lugar de enterramiento de las 400 personas, logroñeses y riojanos en mayoría, que fueron asesinados en el entorno de la ciudad entre julio y septiembre de 1936.

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